Cuántas cosas hacemos y cuántas otras tantas dejamos de hacer por la misma razón: El miedo.
A lo largo de la vida podemos experimentar distintos tipos de miedo: miedo a la soledad, miedo a las relaciones, miedo a permanecer en un mismo lugar, miedo a los cambios, miedo a decir lo que pensamos, miedo a tomar decisiones, miedo a no tomarlas nunca, miedo a ser distintos y diferenciarnos, miedo a adaptarnos y ser igual a lo que esperan de nosotros. Y Así, usando un poco la imaginación, podemos sentir miedo a casi todo.
Cuando logramos percatarnos de que esta emoción está comandando nuestra vida, podemos tomar dos caminos: continuar bajo su tutela, o decidirnos a enfrentarla.
El miedo genera una limitación cada vez más acentuada en quién lo padece, ya que genera sentimientos de impotencia e incapacidad de actuar, que a lo largo del tiempo se traducen en un estado de debilidad generalizado. Pero a su vez nos hemos acostumbrado a él, generando mecanismos de evasión cada vez más sofisticados, que terminan por empobrecer y disminuir las posibilidades de despliegue y desarrollo de la personalidad.
¿Cuál es el trasfondo de esta emoción?
Mantenernos en un estado de duda respecto de nuestras propias capacidades. Bloquear el desarrollo de nuestra propia potencia. Mantener la creencia en la limitación del yo para actuar acorde a sus necesidades, motivaciones e intereses. En lugar de expandirnos, nos retraemos cada vez más. No conquistamos nuestra independencia, sino que nos sentimos siempre sometidos al poder exterior, que a su vez padecemos.
Llega un momento en que, al sentir que estamos, o que ya hemos tocado fondo, nos atrevemos a empezar a desafiarlo, y en el mismo acto, a poner a prueba nuestra verdadera esencia. Es cuando comenzamos a ejercer y hacer valer nuestros propios recursos, intelectuales y emocionales para afrontar las distintas situaciones que la vida nos presenta. Sentiremos un grato asombro, al descubrir que ya no lo precisamos.
¿Y si pudiéramos decirle: gracias miedo por enseñarme acerca de mis limitaciones, pero ya no te necesito?
*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Red-i /o de Kozaca.