Cuando las propias ideas causan daño

Motivación - Celina Vettorello

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Todos los seres humanos atravesamos por experiencias que pueden resultar molestas ó dolorosas. Pero no son los hechos por sí solos los que conducen al pánico o a la depresión; es el ser humano quien interpreta a su manera los hechos, dándoles un valor determinado, que puede ser bueno ó malo, según la persona. 

Esta forma de “ver el mundo” se llama sistema de creencias, que tiene mucho que ver con lo adquirido y lo transmitido. La persona “aprende” a considerar los hechos de una determinada manera. Por ejemplo, aprender a asociar un día de lluvia con la tristeza, aunque no existan motivos para ello. Otra persona asociará la lluvia con algo hermoso y hasta saludable.

Dependerá de nuestros esquemas mentales. Lo importante es determinar cuántas y cuáles de esas creencias nos resultan dañinas, ó limitantes.

Supongamos que en una relación de pareja, uno de ellos decide terminar la relación. Al principio será esperable que se reaccione con tristeza, aislamiento, evitando salir a reuniones. Si de ese estado se genera una depresión ésta se deberá no a la ruptura de la relación sino a lo que la persona se dice a sí misma, por ejemplo: “Perdí a mi pareja que era amable, bueno y amoroso. No podré encontrar otra persona así, y esto me ha deprimido”, y entrará a reforzar la depresión con su “diálogo interno”: “No puedo vivir sin él /ella, jamás lograré superar esto”. Cada día, entonces irá alimentando esa actitud y pensamiento negativo. Porque las emociones tienen fuerza, pero para poder manejarlas debemos modificar nuestro sistema de creencias, que muchas veces son ideas “irracionales”, pensamientos destructivos que generan a su vez emociones y conductas dañinas para la misma persona que las cultiva. Cómo pensemos hará cómo nos sintamos.

Cuáles son aquellas ideas irracionales que se presentan en casi todas las personas? Básicamente son tres:

 1) Yo debo ser amado y aprobado por todas las personas significativas en mi vida. Y si esto no ocurre, es horrible.

 2) Yo nunca debo cometer errores, ó hacer mal las cosas, y si esto sucede, soy un inútil y por ende no seré valorado.

 3) La gente y las cosas deberían ser siempre como yo quiero, y si esto no es así es terrible.

Estas son básicamente las suposiciones que llevan a un diálogo autodestructivo que termina por afectar la conducta y crear conflictos a la persona. Por ende las personas deben cultivar las ideas opuestas. Claro que no es nada fácil. Tenemos un guión de vida y un sistema de creencias que se ha ido formando desde nuestra infancia. La terapia psicológica en este caso apuntaría a trabajar en el origen de esas ideas para poder modificarlas, porque definitivamente es muy agradable tener personas que me quieran y me aprueben, pero si no las hay, puedo aceptar ese hecho y ser capaz de disfrutar igualmente de la vida. Hacer bien las cosas, sin dudas que es un hecho gratificante, pero los seres humanos nos equivocamos a menudo y de hecho esto nos hace seguir aprendiendo. Lo mismo que aceptar que las personas se comportan como ellas quieren y no como yo quiero que actúen.

Entonces, y siguiendo con el ejemplo de la ruptura de una pareja, quien ha sido dejado debería poder decirse “ Me hubiese gustado continuar con esa relación, pero si no es así, lo siento y lo acepto, porque no es el fin del mundo. Puedo vivir sin él/ella y voy a salir y a proponerme tener proyectos hasta encontrar a alguien que me acompañe porque eso es lo que deseo”. Y entonces esa persona comenzará también a trabajar sobre ella misma, pensando incluso si hay algo en ella que la dificulta conservar un vínculo y tomando una ruptura como un aprendizaje más para lograr un mayor conocimiento de sí mismo. Indudablemente todo este cambio de pensamientos, emociones y actitud, requiere de un entrenamiento constante y activo. Ese es uno de los modos de trabajar en una terapia. La experiencia clínica demuestra que realmente podemos cambiar nuestro sistema de creencias y podemos aprender a mirar el mundo en forma más positiva, evitando incluso caer en depresiones.

 

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Red-i  y/o de Kozaca.
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