Los duelos, llevan tiempo

Novedades - Paula Fierro

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Hace años que Freud, nos enfrentó a esta verdad: los duelos llevan tiempo. El proceso que se pone en juego a partir de una pérdida significativa, de un ser querido, de un ideal, o de la patria misma; implicará a quien lo transita todo un trabajo psíquico, que llevará tiempo y energía.

 

Como bien supo transmitir el padre del psicoanálisis, el duelo inaugura un trabajo que será pieza por pieza. ¿Qué implicará esto?

 

Volver a pasar una y otra vez por todos esos lugares donde investimos al otro, donde le dimos un lugar crucial en nuestra propia historia y, por sobre todo, una lectura más lacaniana nos habla del lugar que el otro nos ha dado a nosotros. Ese que fuimos para el otro.

 

¿A qué nos referimos con ello?
Ya muerto un ser querido, alguien piensa en llamarlo por teléfono. Unos segundos después, cae en la cuenta de que el otro ya no está (acá). De que llamarlo sería en vano.

 

O bien, por ejemplo, alguien piensa después de concluída una vivencia importante, "ésto se lo voy a contar a…". Segundos después recuerda, que ese otro ya no está para contarle, o no es porque ha fallecido, o porque se han separado, o porque ya no viven en la misma ciudad, etc. Son múltiples las formas de perder un ser querido o de no contar ya con ese otro. 

 

Y la memoria está plagada de detalles que construyeron ese lazo. Un plato de comida que nos evoca, un aroma que nos recuerda, aquella canción que se nos viene a la mente, la esquina por la que pasamos una vez en su compañía, etc.


Por ello es que la construcción del duelo será lenta, trabajosa y por supuesto que dolerá. No ya como un dolor físico necesariamente, sino más bien como un dolor del alma. Como aquello que aqueja e irrumpe intempestivamente. Entonces, es cuando la angustia se motoriza, se pone en juego, en este tener que deshacerse de cada partecita que se ha investido, de cada lugar que se le asignó en la propia vida a este otro.

Eduardo Grüner traía a cuenta, a propósito del duelo, una pregunta que decía más o menos así: ‘¿qué le debemos a nuestros muertos?’ A lo cual responde, que lo que les debemos es la reconstrucción del mundo.


Ya no seremos los mismos a partir de esa pérdida. Se modifica el narrar quiénes somos, incluso el modo de nombrarnos, porque esa pérdida nos ha modificado. Quien está de duelo está –podríamos decir- rearmándose.

Es por esto que, en ésta época de lo veloz y lo fluido, donde no se permite 'hacerse el tiempo' para duelar, el psicoanálisis nos invita a ir a contramano.

El encuentro terapéutico deberá ser un espacio imprescindible a la hora de hacerle lugar-con todo el tiempo que sea necesario-al trabajo de duelo. De poder dar sepultura y entierro, de construir los rituales necesarios para despedirnos.

 

De narrar una y otra vez quiénes fuimos a partir de ese otro y de rearmar pequeños indicios que indiquen por donde darle continuidad a la vida, por dónde el deseo seguirá su curso. 

 

Ps. Paula Fierro - Mat. N°5358 

Instagram: psi.paulafierro

 

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