¿Por qué hacer un psicoanálisis?

Aprendizaje - Sinopoli, Catalina Maria

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A la pregunta que titula este escrito podría agregarle el ¿Cuándo hacer análisis?, ¿Con quién? ¿Cómo? Pero en este pequeño escrito me gustaría detenerme en el motivo, el conocido motivo de consulta. ¿Qué moviliza a un sujeto a solicitar un turno con un analista?

Con lo que me encuentro en el consultorio es con sujetos angustiados, con miedos, fobias o temores, sujetos con inhibiciones, por ejemplo: “No puedo estudiar”, “estudio, pero no me presento a rendir”, o con diversos síntomas que toman las formas más singulares. Asimismo, es frecuente escuchar sujetos que atravesaron alguna perdida, y están en un trabajo de duelo.

Los duelos no siempre tienen que ver con la muerte de una persona querida, se puede tratar de perder: un ideal, un trabajo, un lugar etc.

¿Qué hacer ante tales malestares o padecimientos? Si de algo estamos seguros, es que dichas manifestaciones hablan de un sujeto sufriente. Es posible hacer algo con ese sufrimiento que toma diversas formas, y el psicoanálisis propone una invitación. Propone hacer algo con ese dolor, a partir de lo que se puede decir sobre lo que nos aqueja. A partir de la palabra hablada.

Sería conveniente para despejar algunas confusiones aclarar, ¿Qué decimos cuando decimos psicoanálisis? O más específicamente cuando me refiero a “hacer un psicoanálisis”.

Sigmund Freud en 1915 definió al psicoanálisis como una modalidad de tratamiento médico de pacientes neuróticos. Explico lo que sucede en ese tratamiento: es un intercambio de palabras entre el médico y el paciente. El paciente habla, cuenta sobre su vida, su pasado, sus impresiones, se queja y confiesa sus deseos. El medico intenta orientar su escucha hacia una dirección: el inconsciente. Asimismo, expuso las dificultades del método, a saber, su prolongada duración, los esfuerzos y sacrificios que cuesta, y que en cuento al resultado no hay certezas ni garantías.

El psicoanálisis es un entrecruzamiento entre teoría y práctica basado en el descubrimiento freudiano del inconsciente. El sujeto poco sabe de la verdad que se encuentra oculta,  disfrazada trastocada en sus síntomas, se vuelve necesario la intervención de otro (analista) para poder tomar distancia de aquello en lo que se está enredado, que insiste, se repite: “siempre me pasa lo mismo”. Tomar distancia para poder implicarse y reconocer que aquel malestar tiene que ver consigo mismo. Eso que molesta habla de el mismo, de su historia y novela familiar. Es decir, se parte de un no-saber y el trabajo es traer a la conciencia aquello psíquico reprimido.

Emprender un psicoanálisis puede resultar una tarea difícil, Freud ya nos advirtió sus dificultades. Es un desafío. Una apuesta donde el sujeto se implica en la búsqueda del sentido inconsciente. Tarea ardua, donde las palabras poseen un poder, un poder ensalmador, las palabras tienen efectos sobre la cura. Es decir, la invitación es a trabajar desde el no-saber, con las palabras para construir otro modo, menos doliente de vivir.

¿Por qué sostener un trabajo dificultoso? Me atrevo a responder, por Deseo. El lugar del deseo en la cura analítica, quizás título de otro pequeño escrito.

 

Ps. Sinopoli Catalina

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