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Domas e Infancia

Aprendizaje - Palacio, Selva

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Actualmente, podemos reconocer a las jineteadas como un Deporte Nacional, parte de nuestro bagaje cultural, reflejado en la tradición indiscutible.

Lo cierto es que más de un cuarto de millón de habitantes presencian las jineteadas en búsqueda de recreación familiar. De compartir un tiempo de calidad, en comunión (común unión) con sus vecinos y formando nuevos lazos sociales con los que deciden viajar a estos eventos.

Dentro de este marco, es más difícil divisar el trasfondo que coexiste circunstancialmente. Estamos inmersos en una cultura del poder, del demostrar, imponer y dominar. Dependiendo cómo sea usado, puede darnos un saldo positivo o negativo; si el domador en cuestión necesita de otro, más débil, sin posibilidad de defenderse, sin capacidad de cambiar su situación y sólo puede mostrar virilidad por medio de la crueldad, estamos presenciando un desequilibrio de poder, con el ejercicio de una fuerza innecesaria para lograr una actividad en pos de la satisfacción del jinete. La raíz de nuestra cultura, es machista. El poder, por el poder. La necesidad de ser superior.

Sobre vivencias y aprendizajes infantiles.

Vamos a centrarnos en cómo irrumpe en la psiquis, el presenciar las domas y jineteadas, en el desarrollo de los niños que las vivencian.

La Convención de los Derechos del Niño; entrada en vigor en los años 90’, nos da a conocer que el Estado debe proteger la salud y la moral públicas, adoptando todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas que sean necesarias. Los niños tienen el derecho de lograr su crecimiento físico, mental, espiritual, moral y social; dejando el Estado en los representantes legales la responsabilidad primordial de la crianza del niño. Se plantea la educación, con el propósito de desarrollar su personalidad, asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia y respeto del medio ambiente natural.

Tales derechos mencionados, no condicen con la vivencia de eventos tortuosos, en los que, un ser vivo es mutilado frente la vista pública. Las domas no están velando por el desarrollo mental, espiritual, moral y social, ni promueven la comprensión o el respeto por el medio ambiente natural.

M. Plotkin, afirma que la infancia es una época de constitución, y de movimientos de afectos importantes que desborda al sujeto, exponiéndolos a efectos traumáticos. Si ante esta movilización interior que es natural y necesaria, le sumamos la violencia y el maltrato se rompe el equilibrio y el curso normal de crecimiento; dependiendo del grado de influencia que se pueda ejercer en el infante.

Al colocarlo en posición de observador, incorpora la doma como base de comportamiento y naturaliza el castigo y la violencia. Si luego de los “festivales”, no hay un diálogo y reflexión sobre lo vivido, se deja entender implícitamente que se acepta este tipo de comportamiento.

Si no decimos nada, estamos comunicando. Es imposible no comunicar. Permitimos que los actos de crueldad sean aceptados y asimilados por nuestros hijos para que luego, los repitan en un futuro no muy lejano sin sentir culpa o remordimiento por el dolor infringido sobre las criaturas, que se encuentran considerablemente en desventaja en todos los sentidos.

No hay una elaboración posterior a las domas, no se evalúan los actos cometidos. Sólo se asiste y festeja, sin mediar escrúpulos.

El Dr. Donald Meltzer, desarrolla el concepto de aprendizaje vicario; el mismo, no tiene análisis de los hechos y se incorpora por medio de la experiencia, la información y la imaginación. De este modo, al presenciar la violencia que se ejerce sobre los animales y cómo reaccionan los mismos, los niños aprenden a repetir el mal trato e interpretan que este accionar es correcto y natural para los caballos.

Con el despertar de su súper-yo, de la consciencia moral, su imaginación se puede ver disparada y generar terrores nocturnos y miedo a los animales o experimentar sincero dolor hacia estos seres vivos. Freud, nos indica que en un principio, el súper-yo es muy exigente y surge de la incorporación de leyes y mandatos del exterior; sobre todo, de los padres. No condice, el pedido explícito de que juegue cuidadosamente con sus amiguitos y mascotas, para luego ver adultos que hacen lo opuesto públicamente y con ánimos de celebración.

El proceso de simbolización permite la construcción de la relación simbólica con la realidad. De este modo, se organizan las representaciones mentales abstraídas, interiorizando lo que está bien, lo que está mal, lo que puede, lo que no, el cuidado, lo valorable, lo descartable, relaciones familiares y escala de valores, entre otros. Por lo que si un hecho negativo es vivenciado como positivo y homenajeado, se lo siente como correcto.

Hay una división entre la emoción, de ser buenos como se le pide y, el aprendizaje de ocasionar dolor a seres vivos.

La Dra. Lidia Burde, explica que los modelos mentales se generan a partir de los supuestos arraigados, de las generalizaciones y que los mismos influyen y condicionan nuestra manera de ser, nuestra manera de comprender y estar en el mundo.

J. Piaget, nos indica que los móviles generales de conducta y pensamiento, son desencadenados por el interés. Este último, puede ser: fisiológico, afectivo o intelectual. Por lo que, toda acción, todo pensamiento, todo sentimiento responde a una necesidad. Lo que nos da por resultado: desequilibrio; algo fuera de nosotros o en nosotros ha cambiado y genera un reajuste de la conducta por esta transformación. Si el niño incorpora en su aparato psíquico la violencia y el maltrato a los animales como un conocimiento, como un aprendizaje, formará parte de su estructura y cambiará su manera de percibir la realidad y los sucesos que experimente. Aplicando lo aprendido cada vez encuentra una situación que se amolde a lo mismo.

Si prestamos atención al entorno que rodea a nuestros hijos, los dibujos animados y películas muestran una amistad pura y sincera entre animales y humanos, o como viven las criaturas en familia y realizan actividades identificables con las de los propios niños. Claros ejemplos son: El Rey León, Bambi, El Libro de la Selva, Spirit, y muchos más. Al introyectar estas imágenes con sus historias; luego pueden encontrarlas en la realidad. El ver a un adulto maltratar a un animal que en la ficción le muestra todo su amor, puede ocasionar un monto de angustia muy grande.

Siguiendo los lineamientos de Melanie Klein; en otro tipo de personalidades, los niños pueden pasar por un estadio en el que sienten impulsos de golpear y romper todo lo que pueden. El vivenciar las domas, intensifica las pulsiones violentas y ven la autorización implícita en el accionar de los adultos.

¿Qué debemos hacer como padres? Incrementar el espíritu crítico, mediar entre los niños y el ambiente, discutir sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que esperamos de ellos y enseñarles por medio del ejemplo. Es algo difícil, de hacer pero por algún lado tenemos que empezar.

Poner en funcionamiento nuestro sostenimiento por la vía del apuntalamiento, o bien llamado holding por Winnicott, para consolidar y afirmar a los niños en el mundo, en pos del cuidado y la contención.

Vygotski menciona la Zona de Desarrollo Próximo (ZDP) para explicar la función tutorial de soporte por parte del que más sabe en el proceso de incorporar información.

 

Parecido es el concepto de andamiaje, de Bruner. La idea es poder servir de mediador y auxiliar dentro del aprendizaje de nuestros hijos para que germinen un espíritu crítico y libre, en el que se adapten socialmente y decidan cómo vivir en el mundo, libres de la violencia y de hábitos arraigados pertenecientes a la época Victoriana.

 

Palacio, Selva

Psicologa

Temáticas relacionadas: Maternidad y paternidad

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