Confrontarse a una pérdida

Duelo - Cimadoni , María Soledad

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La vida esta llena de circunstancias, constituida y construida a partir de distintos sucesos que terminan formando nuestro mundo. El mundo, nuestro mundo no es otra cosa más que la propia construcción, la de cada uno. Por lo tanto, esta llena de elementos, vivencias, historias, hechos, etc. En definitiva, podemos decir que esa es nuestra realidad. 

¿Qué pasa cuando uno de los “elementos” importantes se pierde, desaparecen o dejan de existir de manera forzada? 

El mundo cambia. Cuando este “elemento” que se pierde es realmente significativo para nosotros dicha pérdida es con dolor. Es en este instante donde puede comenzar a asomarse muy lentamente un proceso, llamado "duelo". 

 

¿Qué es el Duelo?

El término "duelo” proviene del latín "duellum" significa dolor y también desafío o combate entre dos. Significativamente este combate entre dos no era tan extraño en siglos pasados. Uno ganaba, y el otro perdía, solamente uno quedaba. En el duelo relacionado con la pérdida también sucede esto, uno queda, y eso que era parte de nuestro existir ya no esta más o ha cambiado. Uno puede perder una casa, un trabajo, una capacidad física, la juventud, un empleo, etc.  Pero tal vez la mas representativa, la más popular es el duelo que se produce por la pérdida de un ser querido.

Cuando perdemos un ser querido, alguien que era parte de nuestro mundo del funcionamiento habitual del mismo, se produce un profundo desazón, sentimientos de angustia, de pena, de la más variada intensidad a punto tal que la persona pueda llegar hasta a sentir un desánimo total, en ocasiones acercarse a no querer vivir, como si la vida no tuviera sentido porque el mundo ha cambiado. Se produce hasta un extrañamiento de la realidad, las cosas se perciben, se sienten, se oyen distintas, por esta sensación que el mundo ha cambiado. 

Ante esta situación, suele ocurrir un proceso que es totalmente NECESARIO, para comenzar a adaptarse al nuevo mundo, esto es el duelo. 

El duelo, ¿una patología?

El duelo no es una patología, conlleva un costoso trabajo anímico. Es sumamente útil, sin el mismo difícilmente se podría adaptar a la nueva realidad. Si la persona no vive un duelo, no lo elabora, estaríamos en presencia de un posible problema, o una situación patológica. Por lo tanto, es primordial el iniciar esta etapa, la cual no es sin dolor. Reconstruyendo, y elaborando la pérdida es el movimiento óptimo para superar la crisis. El inconveniente es que no siempre es posible elaborar este recorrido. En algunos casos, se puede vislumbrar la imposibilidad de elaboración, quedando el sujeto  pegado ante esta pérdida, sin ninguna posibilidad de corrimiento subjetivo, eternizando el duelo. Claro está, esto podría ser la situación más grave del caso. 

¿Que tiempo lleva elaborar una pérdida? 

Definitivamente no se trata de un tiempo específico. Estará emparentado a lo que al sujeto le lleve asumir la resignación, aceptar la pérdida, intentar cierta reconstrucción, realizar una sustitución de ese representante. Vencer la etapa de la negación que nos evita el enfrentarse con tanto dolor. La forma de atravesar una pérdida es singular en cada sujeto, no hay un manual instructivo, ni mucho menos una regla, precisamente por lo dicho al principio, nuestro mundo es una construcción propia y diferente de persona a persona. Con lo cual este proceso no será tramitado de manera azarosa, sino de acuerdo a las experiencias previas que cada sujeto haya vivenciado a lo largo de su historia.

 

Expresiones y sentimientos que genera el Duelo

Ante la muerte de un ser querido, son muy comunes una serie de expresiones tales como "no puede ser", "¿por que a mi?", "¿que hago ahora?", "¿no somos nada?", etc. Todas expresiones que no hacen más que hablar del enfrentamiento con la muerte. Es por esto que un duelo no es fácil, es un proceso, un trabajo arduo, de mucha angustia. Es en este punto donde vemos la fragilidad de la vida, de nuestra propia vida. En realidad, no solo perdemos a la persona física sino lo que representábamos nosotros para ellos y ellos para nosotros, lugar que queda vacío. Es muy común ver cierta resistencia a la resignación, a no poder aceptar que ese objeto ya no está en la realidad, es decir el no poder hacer frente a la pérdida forzada de algo que uno quiere. Y en gran medida, hasta se termina padeciendo una especie de sentimiento de culpa por aceptar esa muerte, aceptar que ya no está más, que "se fue".

Resulta un poco extraño, pero el sujeto suele hasta sentir que estaría engañando, que estaría traicionando si acepta esa perdida y puede continuar con su vida aun si puede volver a sentirse bien. Frecuentemente nos encontramos con ese "egoísmo neurótico" de no querer resignar esa presencia física, eso que representaba tanto para nosotros. Lo alentador del duelo es que posibilita tramitar la sustitución por otro elemento que necesariamente no sea el mismo, pero que sin embargo posibilitará el construir, el rellenar simbólicamente ese hueco para no padecer tal vacío que impediría continuar con su vida. No sería necesario quedarse pegado al sufrimiento, con esto no logramos mucho, solo sufrir...

En tal proceso, no resignarse, aunque uno lo sienta como alentador o positivo, es en definitiva el retraso de una elaboración a la nueva realidad. Con el espíritu, de no querer soltar tal representación no se hace nada, ni tampoco vuelve la persona a la vida, pero cada uno sabrá y podrá realizar tal paso. 

 

Sugerencias que pueden servir para elaborarlo

  • Es harto sabido que no hay un manual o una regla fija, sin embargo, hay una serie de acciones, no diría recomendaciones, que son beneficiosas en tal proceso. 
  • Intentar evitar el encerramiento, en todo sentido, desde ese encierro en una habitación hasta los encuentros, los lazos sociales, la charla con su entorno, amigos o allegados. 
  • La consulta con un profesional es de gran utilidad, no en todos los casos es indispensable. Permite y posibilita poner en curso toda una serie de afectos, sentimientos y representaciones que solo podrían ser expuestas en dicho espacio. Es una invitación a que el sujeto tome la palabra, se pueda angustiar, se pueda enojar, y pueda entonces de esta forma desplegar lo que le acontece en ese momento, en relación a ese vacío que está transitando. El psicólogo, no siempre tiene que ver con un trabajo ante patologías mentales graves, sino también el abrir un espacio donde el sujeto pueda aparecer, a partir de la palabra, pudiendo ser escuchado en su mayor magnitud, aun más de lo que se ha querido decir.

 

 

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