¿Callar los síntomas o escuchar el malestar?

Depresión - Cimadoni , María Soledad

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Es muy común sentirse sin energía y cuando pasa un tiempo en ese estado aparece la inexorable expresión de "estoy deprimido". La gama de estados de ánimo es realmente muy variada. No sabemos cuántas palabras existen y cuántas faltan por inventar para tratar de describir lo que nos pasa cuando estamos mal. Mal humor, desgano, apatía, mala onda, tristeza, angustia. Todas estas expresiones indican algo en particular, pero es muy común usarlas como sinónimos.

La depresión es un diagnóstico que a la luz de los hechos sólo sería importante a tener en cuenta por el profesional para realizar un tratamiento, buscar la dirección de la cura o tal vez alguna derivación. Es un término fundamentalmente moderno. Hoy es muy común que una persona diga "estoy deprimido". Este concepto proveniente del campo de la psiquiatría ha entrado en el discurso común y cada vez más gente se apropia de ese término.

En el diagnóstico médico psiquiátrico por lo general la acción que se intenta realizar es tratar de suprimir la sintomatología mediante la medicación. La variedad de medicamentos es inmensa, hay decenas y seguirán creando por centenas. No debemos olvidar que este tipo de medicamento reporta un ingreso muy importante para las empresas farmacéuticas. Por consiguiente el marketing de las mismas siempre apunta a que es la droga de la felicidad, además de ofrecer la idea de una solución inmediata al problema.

Es aquí cuando la consulta al médico se transforma en una visita sólo para pedir una pastilla. Si esto no se logra, tratar de conseguir una farmacia que no requiera receta, llegando a la automedicación con todos los riesgos que esto implica.

¿Por qué esto es muy común? Porque la medicación actúa como? un analgésico a los estados de ánimo.

Como bien se sabe, la realidad es que un analgésico calma el dolor, pero uno no se puede olvidar que el dolor además de ser molesto es una señal. El dolor nos está indicando algo. Si se lo calla, tal vez no podamos escuchar lo que está sucediendo.

Cuando la vida pesa

En la depresión se vivencia un estado de apatía total, desgano, un cansancio constante, falta de energía, es muy común que aparezcan trastornos del sueño y del dormir.

La pesadez de vivir se vuelve intolerable, lo que pondría en evidencia una detención del deseo, dejando a la persona en una posición pasiva. Pueden alterarse los lazos sociales, el deseo sexual y el apetito.

Se trata de un estado constante sin interrupción, a no ser por algunos episodios de euforia.

Otro elemento significativo es la dificultad de encontrar el motivo de tal situación. Esta es una diferencia con otros casos en los que también hay angustia, por ejemplo, un duelo, donde hay una relación directa entre el penar y lo que le dio origen. Queda claro que no tendría sentido tratar un momento de tristeza, una crisis de angustia, nostalgias originadas en un duelo como un cuadro depresivo.

Indicar la medicación a la persona que padece depresión es algo complejo y su prescripción debería ser mucho más rigurosa de lo que sucede habitualmente.

Desde un simple ansiolítico hasta un antidepresivo indicados a la ligera puede traer sus consecuencias comenzando por una dependencia y aunque resulte paradójico, terminando en un suicidio.

Sólo puede llegar a tener utilidad cuando es acompañado de un tratamiento terapéutico, y en casos muy especiales.

Es habitual la indicación de antidepresivos o ansiolíticos? sólo por rutina. En muy pocos casos podrían llegar a ser necesarios.

Desde el momento en que se utilice una pastilla que actúa sobre el ánimo se debe comprender que algo está sucediendo, algo que está callado y que debe ser dicho, escuchado, trabajado. Hay un malestar que circula y que sólo sabemos de él por sus efectos.

Para el psicoanálisis el interés no está en hacer una clasificación, ponerle el nombre a un conjunto de síntomas sino en trabajar sobre el discurso, sobre los dichos de esa persona en relación a lo que le acontece de modo tal que pueda apropiarse de su estado y de esa forma poder ver nuevas realidades de las cuales antes no sabía y que en definitiva mantienen paralizado su deseo.

Cuando nos ponemos a pensar en que los fármacos más vendidos del mundo son los antidepresivos debemos darnos cuenta de que en el individuo resultan una oferta muy tentadora: sólo hay que pagar con unos pesos (unos cuantos) para no pensar más en nada.

Soledad Cimadoni

Psicóloga

soledadcimadoni@hotmail.com

 

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