Un acercamiento a la Terapia de Aceptación y Compromiso

Aprendizaje - Velázquez, Lara María

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Primero lo primero
Como terapeuta, tanto desde lo personal y como desde cuestión ética de la profesión, considero que es sumamente importante mantener informados/as a los/as consultantes respecto a qué tipo de terapia van a recibir. Esto forma parte del Consentimiento Informado: es un elemento obligatorio en cualquier tipo de tratamiento. En este (ya sea escrito u oral) se le debe explicar a los/las pacientes qué se espera que pase en las sesiones, poder responder sus dudas, la manera en la que se abordará cada consulta, la duración de cada una de ellas, los honorarios, qué hacer si hay riesgo para sí y/o para terceros/as, etc. Si el/la mismo está de acuerdo, se inicia el tratamiento de forma regular. Asimismo, otro componente relevante en los tratamientos de Psicoterapia, es la psicoeducación: momento en el que se le explica al/la paciente no sólo la manera de trabajar, sino también los procedimientos a seguir, el método, qué papel jugará él/ella en el tratamiento, el marco teórico desde el cuál se trabajará, etc.

¿Qué es, entonces, la Terapia de Aceptación y Compromiso?
En las primeras sesiones, suelo dedicar varios minutos a esta explicación. Me pareció útil plasmar lo mismo de manera escrita, concreta y clara. Por dos motivos, el principal, para que, quienes tengan dudas acerca de la Terapia de Aceptación y Compromiso, puedan acceder a este artículo y llevarse un pantallazo. En segundo lugar, me es sumamente útil a, nivel personal y profesional, poder volcar en unas palabras el tipo abordaje, para agrupar y emprolijar ideas esclarecedoras.
La terapia de Aceptación y Compromiso, ACT, por sus siglas en inglés (Acceptance and Commitment Therapy) es un modelo teórico “desprendido” de la Terapia Cognitivo Conductual estándar. Pertenece a la llamada “tercera ola/generación” o “terapias contextuales” dentro del campo de la Psicología. ACT es un modelo teórico de Psicoterapia, el cual apuntará, terapéuticamente hablando, a intentar cambiar la forma en que tendemos a relacionarnos con nuestras experiencias privadas (pensamientos, ideas, recuerdos, sensaciones, emociones, imágenes). El foco del tratamiento será ese porque, generalmente, solemos relacionarnos disfuncionalmente con nuestras ideas, pensamientos, emociones; intentamos eliminar y erradicar todo aquello que sea “negativo” (que nos genera malestar). Sin embargo, fracasamos sistemáticamente al tratar hacer esto; al intentar evitar conectarnos con eso “feo” que pensamos y/o sentimos. Debido a eso, el tratamiento no va a estar orientado a modificar lo que pensamos y/o sentimos, sino más bien, va a estar dirigido a quitarle evaluación y juicio a eso mismo, para que disminuya el condicionamiento de nuestras experiencias internas sobre nuestras formas de actuar. Por ejemplo: pienso que soy tonto/a y esto me lleva a evitar hacer cosas que puedan acercarme a pensar que soy un tonto/a (incluso cuando sean actividades de disfrute): no intentar hacer un paso de baile por temor a creer que soy un/a tonto/a. En ese caso, no sólo estamos teniendo un “pensamiento negativo” (“soy un tonto/a”), sino que, también, nuestra forma de relacionarnos con dicho pensamiento es la evitación (no bailo para no pensar que soy un/a tonto/a). Esta forma de relacionarnos con lo que pensamos (y cómo actuamos consecuentemente) no sólo fracasa al intentar eliminar mi “pensamiento negativo”, sino que me intenta alejar del mismo de una manera poco funcional, tanto desde lo cognitivo (razonamiento: por las dudas no hago el paso) hasta lo conductual (no probar hacer el paso, aunque me encante bailar).

Recursos terapéuticos

Por este mismo motivo, en ACT, se van a usar fuertemente recursos experienciales (no exclusivamente: también usaremos metáforas simbólicas, ejercicios guiados, conversaciones terapéuticas, editaciones) para que el/la paciente se exponga a esas experiencias internas que suelen generarle malestar; que les haga espacio, que deje que aparezcan y no se juzgue por sentir o pensar x cosa (para esto también trabajaremos la Autocompasión). Por otro lado, las diversas adversidades que afrontamos, muchas veces, nos llevan a pensar y sentir que actuamos mal, junto con ello, aparecen palabras aversivas (como “soy un/a tonto/a”), por ejemplo. No sólo que, como se dijo previamente, esto no modifica el “problema” (hacer mal un paso) sino que, si esta forma de hablarnos, se torna predominante, puede terminar moldeando nuestro self o identidad, la cual terminará apegada a un repertorio verbal invalidante: creerme realmente un tonto/a en diversas situaciones, no solo en el baile.

¿Qué es lo que buscamos desde ACT?

Una vez que el/la consultante (luego de entrenamientos y búsqueda de generación de nuevos hábitos saludables o reforzamiento de hábitos saludables ya existentes) p eda ir cambiando esa forma en la que se relaciona con lo que siente y/o piensa, podrá ir comprometiéndose (ahí está el componente “Compromiso” de la terapia) en su accionar ¿Para qué? ¡Para llevar la vida que quiere llevar! (y ese es el componente “Valores” de la terapia: qué es importante para cada uno/a). Así, los valores serán la brújula y las acciones los marineros que siguen su dirección día a día, minuto a minuto, aceptando olas, tormentas, adversidades y dificultades; adaptándose flexiblemente a las mismas pero sin dejar de estar comprometidos/as con los valores considerados como importantes. Implica una apertura flexible al entorno (estar presentes con atención plena y genuina) junto con una acción comprometida con los valores, para vivir una vida que valga "la pena" ser vivida. Es por esto que, desde ACT, es importante, tanto para el/la terapeuta como para el/la consultante, tener disponibles y claros los valores de cada uno/a; para que estos puedan orientar el accionar. A veces, sucede que el/la paciente no sabe cuáles son sus valores o los mismos son confundidos con áreas vitales, metas u objetivos.

El tratamiento, desde diferentes recursos terapéuticos, ayudará y guiará a las personas a esclarecer sus valores y tenerlos presentes para que estos operen como guía de sus actos. La clarificación y presencia de los valores, genera un rol, no solamente comprometido, sino también proactivo por parte del/la paciente. El/la terapeuta irá haciendo de orientador/a pero será el/la consultante quien llevará las riendas del asunto mediante sus conductas. Se invitará a elegir cambiar los hábitos disfuncionales o desadaptativos, destacando que (también) son parte de lo que deseamos ser para nosotros/as mismos/as: no somos seres estáticos, nos pasan cosas constantemente; tenemos permanentemente la oportunidad de replantearnos quiénes queremos ser, a través de nuestras pequeñas acciones.

Modalidad de abordaje

Por otro lado, desde ACT, no nos referimos a trastornos psicológicos o diagnósticos: Lo que guía nuestros abordajes psicoterapéuticos es el concepto de flexibilidad/inflexibilidad (o rigidez) psicológica. No hablamos de una modalidad de tratamiento guiada por diagnósticos, sino que se trabaja transdiagnósticamente; se abordan diferentes “diagnósticos” (para poner una palabra clarificadora) y el foco no será “curar” a las personas únicamente, sino también ayudarlos/as a vivir plenamente. Y en la vida cotidiana, más allá de la sesión en consultorio.
En relación a los conceptos base de flexibilidad psicológica versus inflexibilidad/rigidez psicológica, decimos que alguien es psicológicamente flexible cuando hay un predominio adaptativo y saludable por parte de la persona.
¿Cómo sabemos esto? Mediante un recurso terapéutico troncal en ACT; un hexágono llamado Hexaflex: está constituido por 6 (seis) procesos psicológicos interrelacionados que nos ayudarán a evaluar, desde diferentes dimensiones, el grado de flexibilidad o rigidez psicológica de una persona. El objetivo terapéutico será fomentar y acrecentar la flexibilidad buscando que la persona no se quede a aferrada a sus ideas o pensamientos (Defusión Cognitiva), se conecte con sus experiencias privadas (Aceptación), se contacte con el aquí y ahora (contacto con el momento presente), se vuelva observador/a de lo que hace y dice (self como perspectiva-yo como contexto), clarifique el para qué de los actos ¿Qué quiero para mi vida? (Valores) y ponga en marcha lo que considera importante para sí a través de las acciones (Acción Comprometida).
El objetivo de las intervenciones entonces, va a ser brindar herramientas prácticas para que el/la consultante responda lo más flexiblemente posible al entorno, tanto a eventos externos/ambiente, como a experiencias internas (pensamientos, emociones, sensaciones, recuerdos, asociaciones, etc.). De esta manera, no sólo se experimentará mejoría en referencia a lo que nos sucede con el malestar (apuntando a relacionarnos de otra manera con el mismo, no evitándolo ni intentando sistemáticamente controlarlo), sino que nos permitirá ser nuestra mejor versión.
Se intentará entonces, fomentar el cultivo de todas las cualidades que nos permitan un a?frontamiento positivo? de las situaciones. Por medio de la flexibilidad, la apertura, la aceptación, la atención. Sin embargo, también serán importantes la paciencia, la voluntad, y la compasión (hacia los/as demás y nosotros/as mismos/as).

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